También he aprendido sobre el equilibrio. Siempre mi familia ha sido lo más importante, mi punto central que le da sentido a las cosas. Sin embargo, sólo ahora siento que no puedo tener como hábito el trabajar 12 horas todos los días, porque significa no tener tiempo para disfrutar el crecimiento de mis hijos, compartir un café con mi señora y muchos detalles a los que hoy sí les presto atención. Qué más enriquecedor que estar al lado de mis hijos cuando preparan su prueba, hacen sus tareas y ser el gran referente. O cuando te cuentan su día escolar, sus penas de amor o sus éxitos o fracasos deportivos, y tú entiendes que, gracias a Dios, pudiste vivir esos momentos con ellos.
Podría continuar contándoles muchas cosas más de las que he aprendido porque, de verdad, son numerosas y de variada índole. Pero creo que debo terminar con un último sentimiento, que es de agradecimiento a todos y cada uno con los que he compartido en este año. No tengo trabajo, pero sin lugar a dudas, hoy soy mucho más rico que hace doce meses. Ahora veo la vida como una aventura que hay que vivir sin echarse a morir, luchando cada día, emocionándose con la sonrisa de un niño, lo bella de un nuevo amanecer o el simple hecho de caminar por esta vida.
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