Rodolfo Nieto, Ejecutivo en Programa. Periodista y Terapeuta Ocupacional de la Universidad de Chile. Experto en comunicación corporativa, manejo de crisis comunicacionales, comunicación externa e interna, RSE y Relaciones Institucionales.

 
La vida en transición
 
Rodolfo Nieto es casado y tiene tres hijos. Es Periodista y Terapeuta Ocupacional de la Universidad de Chile. Aunque acaba de cumplir un año en People&Partners, cuenta que son tantas las enseñanzas que ha aprendido en este año de transición, que se siente mucho más completo como persona que hace doce meses atrás. Esta es su historia.
 
Hace unos días, exactamente el 31 de mayo, cumplí un año en este proceso de transición en People&Partners. Ha sido un tiempo difícil. Decir otra cosa sería mentira. Sin embargo, creo que ha sido un período que me ha permitido vivir otras experiencias y que ha valido la pena pasar por esta situación.

Lo primero que he reaprendido como persona es que no hay nada más hermoso ni valioso que la vida. Sí, vale la pena vivir, a pesar de todas las vicisitudes que ello conlleva; los altos y bajos, los dolores y alegrías, las risas y los llantos.

Otra vivencia relevante de este tiempo es el rescate del conversar, el tener y darse el tiempo para escuchar al otro. Qué diferente sería todo en nuestras vidas si nos diéramos la oportunidad para conversar. Hay tantos temas que hemos dejado de lado en la vorágine de nuestras carreras, que no nos damos cuenta de que no importa el tópico, lo relevante es la instancia que nos damos para reconocer al otro, como dice Humberto Maturana, como un legítimo otro. Es decir, que los demás son iguales a uno y que tienen opiniones, puntos de vista, valores y principios tan válidos como son los míos.

Todo esto me ha llevado a entender que todos, independiente de nuestra posición en esta vida, tienen algo que aportar. Que el escuchar nos hace crecer, nos enriquece y nos hace sentir que este mundo sería muy diferente si al momento de reintegrarnos al trabajo fuésemos capaces de darnos ese tiempo para oír lo que nos dicen los demás, y no dejarnos llevar por el tráfago de la rutina laboral.

También he aprendido sobre el equilibrio. Siempre mi familia ha sido lo más importante, mi punto central que le da sentido a las cosas. Sin embargo, sólo ahora siento que no puedo tener como hábito el trabajar 12 horas todos los días, porque significa no tener tiempo para disfrutar el crecimiento de mis hijos, compartir un café con mi señora y muchos detalles a los que hoy sí les presto atención. Qué más enriquecedor que estar al lado de mis hijos cuando preparan su prueba, hacen sus tareas y ser el gran referente. O cuando te cuentan su día escolar, sus penas de amor o sus éxitos o fracasos deportivos, y tú entiendes que, gracias a Dios, pudiste vivir esos momentos con ellos.

Podría continuar contándoles muchas cosas más de las que he aprendido porque, de verdad, son numerosas y de variada índole. Pero creo que debo terminar con un último sentimiento, que es de agradecimiento a todos y cada uno con los que he compartido en este año. No tengo trabajo, pero sin lugar a dudas, hoy soy mucho más rico que hace doce meses. Ahora veo la vida como una aventura que hay que vivir sin echarse a morir, luchando cada día, emocionándose con la sonrisa de un niño, lo bella de un nuevo amanecer o el simple hecho de caminar por esta vida.