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Raquel Kubik, Ingeniero Comercial, con un Diplomado de Recursos Humanos en la Universidad Católica.
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Una oportunidad para crecer |
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| Ad portas de cumplir 40 años, Raquel Kubik descubrió que tenía cáncer. A través de este relato, ella cuenta lo que significó recibir esta noticia en su vida, lo que pensó acerca de su familia, cómo lo afrontó y, lo más importante, cómo aprendió a valorar las pequeñas cosas que nos da la vida. Esta es su historia. |
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Uno siempre piensa que las malas experiencias le pasan a los demás, sobre todo cuando escuchas la palabra cáncer…
Faltando un par de años para cumplir los 40, mi ginecólogo me mandó a sacar un examen, como manera de prevención. Una vez en el control, me pareció raro que la tecnóloga médica ampliara con una lupa el resultado, por lo que le pregunté qué pasaba. Me respondió que mi médico tratante me informaría sobre el diagnóstico.
Cuando me reuní con el doctor para saber el resultado me dijo: “Raquel, tienes unas microcalcificaciones que en el 90% de los casos son buenas, pero en el 10% pueden ser malas, por lo que vamos a intervenirte”. Con los resultados en mano, el doctor me llamó por teléfono y me explica: “chiquilla, los resultados salieron positivos. Es cáncer. En todo caso no te preocupes, ya que esto ha sido un hallazgo y la verdad es que la probabilidad de sobrevivir a esta enfermedad es cercana al 100%”.
Hasta ese minuto de mi vida yo daba por hecho que todo lo que tenía era un derecho adquirido y me sentía dueña del mundo. Tenía a mi familia formada por mi marido y mis tres hijos. Mis padres, mis suegros, mis hermanos, cuñados, mis amigos…, todos maravillosos. También tuve un trabajo lleno de éxitos profesionales… Ahora las cosas habían cambiado con un examen que decía “cáncer”, y que cambiaba toda la perspectiva de mi vida. |
| Lo primero que sentí fue una gran pena y dolor al pensar que mis hijos se iban a quedar solos. La verdad es que uno siempre se ha sentido indispensable, y a pesar de que te digan que el pronóstico es positivo, sientes que la palabra “cáncer” te lleva directo a la muerte. |
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Además yo estaba haciendo un Diplomado de Recursos Humanos en la Universidad Católica, y que dejé porque “como me iba a morir, para qué seguir estudiando y perdiendo el tiempo”. Entonces, hablé con el Director del programa, quien gracias a su apoyo y recomendaciones, me dijo que no lo dejara: “yo también tuve cáncer hace 18 años y mira como estoy. Tú no vas a tener problemas, porque hoy somos más los que sobrevivimos al cáncer que los que se mueren”. Gracias a sus palabras, continué con mis estudios y terminé con excelentes notas.
Esta experiencia que me tocó vivir me hizo cambiar los énfasis en mi vida, fortaleciendo profundamente mi fe en Dios. Con el tiempo entendí que nada fue casual, todo fue puesto en mi camino para que mi cáncer fuera diagnosticado a tiempo, para que a través de este hallazgo yo le diera el justo sentido a las cosas. Que entendiéramos que estamos de paso en este mundo, que debemos siempre dar y transmitir amor, que incluso en nuestras casas con nuestro marido e hijos debemos entregar cariño todos los días como si ése fuera el último día de nuestra vida.
Aprendamos que lo que emprendamos en nuestras relaciones familiares, de amistad y laboral sean entregadas en forma generosa, dando el tiempo necesario a cada una de las cosas que nos tocan vivir. La verdad es que yo fui una privilegiada, porque recibí tanto amor y entrega de las personas menos pensadas, que me enseñaron mucho en esa difícil etapa de mi vida. Hoy soy más optimista y nunca dejaré de devolverle al mundo todo el cariño y apoyo que recibí. Por eso, viviré a “concho” todos los momentos que me toca vivir. |
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